Sunday, May 25, 2014

Contaminados

Romanos 6:11-14 NTV*
[11] Así también ustedes deberían considerarse muertos al poder del pecado y vivos para Dios por medio de Cristo Jesús.
  
[12] No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos. [13] No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado. En cambio, entréguense completamente a Dios, porque antes estaban muertos pero ahora tienen una vida nueva. Así que usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios. [14] El pecado ya no es más su amo, porque ustedes ya no viven bajo las exigencias de la ley. En cambio, viven en la libertad de la gracia de Dios.

Los elefantes pequeños, cuando son entrenados para ser parte de un circo, son sometidos a una serie de cosas muy terribles. Los entrenadores tratan de quebrantar el espíritu y mente de los pobres animalitos. Una de las cosas que me llama la atención es que a los elefantitos los atan a una estaca clavada en el piso. La estaca no es muy grande, pero es lo suficientemente fuerte como para sujetar al pequeño elefante al piso e impedir que se mueva y escape. El pequeño animal, aun siendo inteligente, intenta liberarse de la sujeción de la estaca, pero no puede. Todos los días el elefante es atado e intenta liberarse; crece sabiendo que nunca podrá liberarse de esa atadura. Cuando el elefante es un adulto maduro y fuerte, es llevado al circo, y al terminar la función es atado a la misma estaca pequeña y no se mueve, ya ni siquiera intenta liberarse porque cree que no puede. Aunque tiene la fuerza suficiente como para arrancar la estaca sin ningún problema, el elefante maduro y fuerte simplemente piensa que no puede hacer nada y ni siquiera intenta huir. Los criadores de elefantes entrenan su mente quitándoles el poder de escapar aunque tengan la oportunidad y ventaja. Ese es el poder de la mente.

A veces nosotros mismos subestimamos el poder de la mente; hemos sido criados escuchando cosas como “la carne es débil”, “todos cometemos errores”, “nadie es perfecto”, “la gente no cambia”, “hijo de tigre, pintito”, “el que con lobos anda, a aullar aprende”. Y crecemos sabiendo y creyendo que somos personas que estamos diseñadas para fallar, para hacerle daño a los demás, para ser influenciados por las personas a nuestro alrededor siempre de manera negativa o destructiva. Nuestra mente ha sido contagiada por el pecado; estamos contagiados con ese virus que nos hace andar como muertos vivientes, como zombies. Pero según lo que escribe San Pablo a los Cristianos en Roma (Romanos 6:11-14), debemos considerarnos muertos; el contagio del pecado nos ha dejado zombies, pero gracias a Cristo, podemos y debemos considerarnos vivos para Dios. Ya no somos zombies, sino seres completamente vivos. Dios está transformando nuestra mente para que no seamos como los elefantes que no saben el poder que tienen para huir de la esclavitud. Así como los elefantes pueden huir de las ataduras hacia la libertad, nosotros también podemos romper las ataduras del pecado, somos libres del pecado, esto es, si decimos que verdaderamente somos seguidores de Cristo. Entonces la pregunta sería ¿estamos muertos o vivos?

El apóstol San Pablo nos invita a reflexionar en que estamos vivos para Dios a través de Cristo, pero junto con la invitación viene una exhortación sobre el uso de nuestro cuerpo. Pablo dice “No permitan que el pecado controle la manera en que viven; no caigan ante los deseos pecaminosos.” Esto nos invita a cuestionar quien está en control de nuestra vida, ¿será el pecado? Si en realidad el pecado controla la manera en que vivimos, entonces nosotros somos simples súbditos del pecado. Cuando el pecado está en control, él es el rey de nuestro cuerpo y mente.  Por lo tanto debemos hacer a Jesús el Rey de nuestra vida, porque cuando hacemos de Cristo nuestro Rey, nosotros somos sus súbditos y le obedecemos, le servimos, y le respetamos, no hacemos nada que no le guste al Rey. No lo hacemos por temor, sino porque sabemos que el ha sido bueno con todos nosotros, y correspondemos a su amor.

Cuando hacemos a Cristo nuestro Rey, nuestra mente es transformada, y nuestro cuerpo responde de manera positiva a esta transformación. Nuestro cuerpo sigue siendo susceptible a las tentaciones y al pecado, pero ahora nuestra mente sabe que tenemos al Espíritu Santo de Dios que nos puede dar la fuerza que necesitamos para resistir la tentación y alejarnos del pecado. Todos tenemos la opción de obedecer al Espíritu Santo de Dios o de dejarnos seducir por el pecado, lo cual puede ser catastrófico. San Pablo escribe diciendo “No dejen que ninguna parte de su cuerpo se convierta en un instrumento del mal para servir al pecado.” Y de hecho en el lenguaje original, griego, la palabra “instrumento” es también “arma”. Es decir, que cada parte de nuestro cuerpo puede ser un arma para hacer el mal. Si cada parte es un arma, nuestro cuerpo entero es un arsenal capaz de hacer daño a mucha gente. Si nuestro cuerpo y mente están contaminados con el virus del pecado, podemos dañar a mucha gente a nuestro alrededor.

Consideremos por ejemplo la distribución exponencial de un virus que se contagia al tocar a alguien. Supongamos que una persona, en promedio, toca a tres personas en un día, esos tres contagiarán a tres cada uno por un total de nueve en el segundo día, los nueve contagiarán a 27 en el tercer día, en el cuarto serán 81, en el quinto serán 243, serán 729 en el sexto. En una semana son 2,187 los infectados, en ocho días 6,561, en nueve días son 19,683, en 10 días son 59,049, en 11 días 177,147, en 12 días son 531,441, en 13 días son 1,594,323, y a las dos semanas son 4,782,969 los infectados. Casi cinco millones de personas en tan solo dos semanas, es terrible; y todo por que uno solo contaminó a tres personas a su alrededor. Uno puede hacer tanto daño a los que están cerca de nosotros si cedemos a la tentación del pecado. Las palabras de un padre enojado dichas a los hijos pueden dañarlos de por vida. Alguna foto publicada en las redes sociales puede herir a muchas personas. Un rumor falso puede destruir hogares e iglesias. No debemos dejar que nuestro cuerpo y mente sean considerados un arsenal para dañar a la gente. Por el contrario, San Pablo nos enseña que deberían ser usados para bien. Pablo escribió “… entréguense completamente a Dios… usen todo su cuerpo como un instrumento para hacer lo que es correcto para la gloria de Dios.” Todos los que nos decimos Cristianos, que estamos entregados completamente a Dios, podemos y debemos usar nuestro cuerpo para hacer justicia, para hacer lo correcto, para hacer lo que Dios pide de nosotros: hacer justicia, tener lealtad al pacto con Dios, y caminar en humildad con Dios (Miqueas 6:8). Está en nosotros si nuestro cuerpo es usado como arsenal para destruir a todos los que nos rodean, o como un arsenal para hacer justicia e impactar a otros con el amor de Dios.

Hemos nacido de nuevo; somos personas nuevas a través de Cristo. Esto nos da la ventaja de poder ser los héroes que el mundo contaminado por el pecado necesita. La gracia de Dios nos lleva a la victoria sobre este mundo contaminado. Podemos vencer la tentación del pecado con Cristo. El mundo necesita ver esto, los que nos rodean necesitan ver que hay una vida alternativa a la contaminación, ellos necesitan saber que se puede vivir de manera diferente y que la vida no tiene que ser siempre el hacer daño a los que nos rodean. La gente que nos rodea debe saber que la gracia de Dios es para todos, y que Dios desea ayudarnos a transformar nuestra mente si decidimos hacer de Cristo el Rey y Señor de nuestra vida.

Muchos de nosotros decimos que hemos aceptado a Jesús como nuestro Salvador. La pregunta es ¿lo hemos aceptado sólo como Salvador, o lo hemos aceptado también como nuestro Señor y Rey? Esta es una pregunta para reflexionar, es una pregunta seria y de mucha trascendencia. Nuestra vida, y la vida de las personas que nos rodean, dependen de la respuesta que demos a esta pregunta.

Que Cristo sea el Rey y Señor de nuestra vida; que nuestra mente sea transformada para poder resistir la tentación del pecado; que seamos armas para hacer justicia al oprimido, para proveer al pobre, y amar al necesitado; y que Dios tenga gracia para con nosotros, hoy y siempre. Amén.


* Nueva Traducción Viviente (NTV) - © 2010 by Tyndale House Foundation

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